Otro Hokkaido. Nieve polvo, ramen y libertad pura.
Hokkaido es otro mundo; olvídate del caos de Tokio o la humedad de Kioto. Aquí se respira el Japón más indómito y salvaje.

Es una tierra de contrastes brutales. En invierno, te envuelve el famoso Japow (la mejor nieve polvo del planeta), perfecta para esquiar o simplemente para ver caer los copos mientras te relajas en un onsen al aire libre rodeado de blanco absoluto. Pero si vas en verano, el paisaje explota en colores con los campos de lavanda de Furano, que parecen sacados de una pintura.
Y la comida sinceramente, es otro nivel. Desde el marisco fresquísimo en los mercados de Otaru hasta ese ramen de mantequilla y maíz en un callejón de Sapporo que te calienta el alma. Hokkaido no se visita, se siente; es una escapada necesaria para reconectar con la naturaleza a lo grande.
La primavera en Hokkaido es para los que saben esperar. Mientras el resto de Japón ya se ha despedido de los cerezos, aquí la magia explota a en el último momento. Es un contraste alucinante: todavía puedes ver los picos de las montañas cubiertos de nieve mientras paseas bajo túneles de flores rosas en el parque Goryokaku de Hakodate. El aire es fresco, la isla se despierta del letargo blanco y se siente una energía de renovación brutal. Es el momento perfecto si quieres ver sakura sin las aglomeraciones de Tokio.

Si alguna vez has sufrido el calor pegajoso y húmedo del verano en el resto de Japón, llegar a Hokkaido es literal tocar el cielo. Aquí el clima es seco, fresco y súper agradable. Es la temporada de los colores saturados: los campos de lavanda y girasoles en Furano y Biei parecen infinitos, como si estuvieras dentro de un fondo de pantalla de Windows. Alquila un coche, baja las ventanillas y conduce por esas carreteras rectas interminables; y por favor, no perdones el melón de Yubari y los helados de leche local. Son de otro planeta.

Para mí, el otoño es la época más dramática y deliciosa. Hokkaido es el primer lugar de Japón donde las hojas cambian de color (el koyo), tiñendo los parques nacionales como Daisetsuzan de rojo fuego y oro intenso mucho antes que en Kioto. Pero lo mejor es la comida: es la temporada de la cosecha. El salmón está en su punto, las huevas (ikura) son fresquísimas y las sopas calientes empiezan a apetecer de verdad. Es la estación ideal para caminar por la montaña por la mañana y meterte en un onsen al atardecer.

El invierno aquí no es una estación, es una leyenda. Hokkaido se convierte en un mundo de blanco absoluto. La calidad de la nieve es irreal, ese famoso ‘Japow’ (nieve polvo) que se siente como flotar sobre nubes si esquías. Pero incluso si no te va el deporte, el ambiente es mágico: el Festival de la Nieve de Sapporo con sus esculturas gigantes, o ver el hielo a la deriva en el mar de Okhotsk te deja sin palabras. Hace frío, sí, pero es ese frío que se cura rápido con un ramen picante y la hospitalidad de la gente del norte.

